domingo, 15 de diciembre de 2019

Sueños de Diciembre

Una madre enferma abraza a su hijo por última vez, pero entonces pisan juntos cada uno de los lugares que ella transitó.

Sueño de la noche del 14 de diciembre

domingo, 8 de diciembre de 2019

Realidades anti-antagónicas

Vivimos tiempos para la tranquilidad. Allí donde un despertador interrumpe la placidez del sueño, luces intermitentes nos dan paso, cifras que informan del tiempo que resta, señales que, en general, nos disponen para la obediencia, allí donde todo eso ocurre, se busca tranquilidad. Hasta se ha formado una filosofía de la tranquilidad, con sus pautas, recetas y panaceas. Pero la quietud es otra cosa. La quietud de los bosques, de los pueblos, de las grutas, no admite contrario ni relaciones de antagonismo, por mucho que sea el peso de una tradición empeñada en encontrar opuestos. 


                                         Grutas de Cristal (Molinos)

Hay quienes se obstinan en llegar a la quietud por un acto de freno o desaceleración, como si reduciendo el paso o ralentizando la marcha no siguiéramos presos del automatismo y la lógica del tráfico. No, a la quietud no se llega por oposición, como tampoco se alcanza la indigencia oponiéndose a la opulencia, o el hambre a la saciedad. Es por ello que el consejo no ha de ser, como tantas filosofías de la tranquilidad promulgan, retirarse huyendo del bullicio y la aceleración, lo cual no hace sino confirmar nuestra condición de velocímetros, sino, más bien, hacer que se retiren de nosotros aquellas ilusiones que, como la del binomio velocidad-reposo, nos alejan de la quietud que también somos.


                                                   Cuevas de Cañart (Teruel)

viernes, 6 de diciembre de 2019

Sueños de Diciembre

Un baúl esconde una casa, y un balcón, lleno de recuerdos. Entre ellos un caballo, llamado Romero, que con su carro empieza a tirar de mí y de cuanto llevo encima. También de unos diarios, por las calles del pueblo. Todo hasta que caigo al suelo, y el caballo desaparece, los papeles se humedecen, y no hay calles que transitar.

Sueño de la Noche del 5 de Diciembre

domingo, 1 de diciembre de 2019

Sueños de Noviembre

Me encuentro proyectando a mis alumnos Al final de la escapada, de Jean-Luc Godard. Sin embargo, al poco reparo que se trata de una clase de Matemáticas aplicadas a las ciencias sociales, y veo en ellos miradas incriminatorias. Aterrado, pienso la posibilidad de obligarles a transmutar en algoritmos los monólogos de Godard, cuando descubro que soy incapaz de descifrar las más elementales operaciones.

Sueño de la noche del 30 de Noviembre

sábado, 30 de noviembre de 2019

Pasemos a la acción

¿Para qué queremos alumnos que memoricen la teoría hilemórfica aristotélica o la teoría epicúrea del placer? ¿Acaso ellas, o cualquiera de sus teorías gemelares, amistosas o enemigas, sirven para el fin de la filosofía: pensar el presente? ¿Y para qué queremos alumnos "brillantes", de diez, que cuiden la última coma y citen de memoria diez o doce obras de cada autor? ¿Para qué los queremos si todavía no han empezado a andar ni "hacer camino al andar"? Los políticos y pedagogos de turno, da igual el sesgo, se excusan justificando la importancia de la memoria, y de conceptos y esfuerzos previos, curiosamente todos mesurables y clasificables; pero no podemos, no debemos, basar todo su aprendizaje en el ejercicio de estas facultades. Habrá que preparar a nuestros alumnos para el tiempo de hoy, y digo yo que hay mucha filosofía después de Nietzsche, Ortega o de Hannah Arendt. Porque su tiempo no es el nuestro, ¿o acaso vivimos cercados de absolutismos como la Razón, o de dogmatismos y totalitarismos como el nacionalsocialismo? Que no, que su tiempo no es el nuestro, y ya no regresaremos a él. 

Una historia de la filosofía, o mil, están bien, si queremos eludir errores e infortunios del pasado, pero la filosofía es otra cosa. La filosofía, si de algo se ocupa, es de pensar, y del pensar, y mejor que sea sobre algo cercano, que nos incumba; a ellos, nuestros alumnos, y a nosotros, sus docentes, compatriotas y padres. ¿Por qué no enseñar a ser mejores ciudadanos en lugar de tanta pamplina sobre cómo deberían ser los ciudadanos mejores? Pasemos a la acción, y dejémonos de tanta propedéutica y de tanta monserga.

miércoles, 27 de noviembre de 2019

Ilusiones de nuestro tiempo






                                             La pregunta no es quién gobierna a quién....


                                                 La pregunta es qué es lo gobernable.


A diferencia de otros lugares del mundo occidental, como Estados Unidos, Europa parece creerse falsamente a salvo de los elementos: no se forman huracanes, ni son habituales los tornados, ni siquiera padece a menudo largas y desmesuradas tormentas. Como máximo, olas de calor o de frío. Sin embargo, todo indica que con el cambio climático los fenómenos extremos estarán cada vez más presentes y quizás nos encaminemos de nuevo a otros tiempos en los que la naturaleza era una fuente de vida, pero también una amenaza constante. Innsbruck, una ciudad en la que da la sensación de que nunca puede pasar nada, parece totalmente alejada de cualquier peligro. Sin embargo, las montañas están ahí, por todos lados, como un recuerdo de que, incluso en la Europa del siglo XXI, pensar que se puede controlar la naturaleza es una ficción: se puede destruir, de eso no hay duda, y vamos por muy buen camino, pero es imposible dominarla, existe un punto en el que siempre escapará a nuestro control. (Una lección olvidada, Guillermo Altares)

sábado, 23 de noviembre de 2019

Épocas del estar

Y me pregunto..... ¿para qué estar informados? ¿De qué nos sirve estar conectados? ¿Por qué en su lugar no elegimos estar sentados? ¿O de pie? ¿O de rodillas? Y el mundo se hubiera llenado de sillas y rodilleras. ¿Qué tiene de más la información que la haga apetecible? ¿Llevará algún aditamento dosificable? Habría que preguntar a los químicos de la información por su composición. Seguro que ellos saben cómo administrarla, y cómo regular y gestionar su adicción, como las grandes tabacaleras, empresas de esteticismo y agencias de viajes. Sí, la información es el producto estrella de nuestra época. Claro que hay quien hace de las redes sociales una fuente de conocimiento, pero es una excepción, uno entre mil. Una anomalía en el sistema. Una rareza existencial, como los ángeles sin materia de santo Tomás o los estilitas que hacían del último capitel su alojamiento para ser. Y lo llamativo es que no nos cansamos.

                                            El último estilita en la cima del pilar Katskhi

La perversión comienza en el momento en que se busca la información por el hecho de estar informados. ¡Como si la información fuera algún tipo de oxígeno, o de luz! Lo que importa es el hecho de tenerla, que esté en nosotros. Y es que vivimos en la época del estar. Atrás quedaron la teoría del ser, de la sustancia y de la permanencia, y los corazones que aguardaban a que un testimonio anónimo revelara: soy gracias a ti. Atrás quedaron el deleite y la capacidad de contemplación, y el aburrimiento de quien sabe esperar. Atrás la mirada reposada y la intermitencia del alumbrado y de la noche. Épocas del estar, que precisan de pacientes y de estados, sólo para ser rellenados.

Si el ayuno y la abstinencia liberan idealmente al alma del cuerpo, no aíslan al ser humano en completa soledad. De ahí la necesidad de una separación espacial. Esta tomó dos direcciones: la elección de un refugio para vivir apartado, o el rechazo absoluto de todo alojamiento. El desierto se pobló de vagabundos y eremitas. Los primeros llevaron una vida ambulante, a veces rechazando toda clase de ropa, tanto por su preocupación por despojarse de lo vano como por su aspiración a un estado adánico. Así, María Egipciaca vagó durante décadas por el desierto cubierta tan solo por su espesa cabellera y alimentándose de un total de cuatro hogazas de pan. Otros, llamados subdivales[1], eligieron un lugar muy delimitado, donde vivieron de pie sin jamás moverse, en una condición voluntaria de «sin hogar». (Tacet. Un ensayo sobre el silencio, Giovanni Pozzi)



[1] Literalmente (los que viven) bajo la luz del día.