jueves, 14 de junio de 2007

Un esencialista entre dos guerras



Existe una suma notoria de escritores europeos que consiguieron sobrevivir los totalitarismos, la barbarie y el derrotismo, que caracterizaron buena parte de la historia política del siglo pasado, mediante una disposición interior, un talante diría yo, que luego se traduciría en una obra poética, filosófica acorde a dicha actitud. Éste es el caso del escritor alemán Ernst Júnger cuya vida recorrió casi la totalidad de un siglo marcado por el totalitarismo, la destrucción y el desarraigo.
En el excelente episodio que dedica el ensayista y poeta Adam Zagajewski (otro de estos escritores exliados, pínchese http://www.acantilado.es/ficha.asp?id=293 ) al pensamiento de Ernst Jünger en Dos ciudadaes (1995), presenta a éste como un autor de espíritu esencialista necesitado de descubrir el sentido del mundo en cada uno de sus rincones: "Jünger percibe el mundo como un todo extremedamente diverso, donde cabe una infinidad de cajones llenos de especies, órdenes, subespecies, tipos, peculiaridades y excepciones. La realidad es compleja, pero está jerarquicamente estratificada. No es una coincidencia que para Jünger una de las mayores autoridades fuera el botánico sueco Linneo. La contemplación a la que Jünger se entrega no parece salvaje ni caprichosa; además de ser fuente de un placer estético, contiene momentos de clasificación del todo racionales. El nombre latino de una flor corona un acto de contemplación casi erótica. Lo mismo ocurre con los minerales. Diría más: ¡los humanos no constituyen ninguna excepción en este sentido¡"
El escepticismo de Zagajewski respecto a la validez de esta concepción esencialista le lleva a considerar a Jünger como un escritor de la ambigüedad y su literatura como un vasto juego de metáforas, inteligentes e ingeniosas, capaz de empañar y ocultar una realidad llena de una violencia brutal e incomprensible. En efecto la concepción del mundo que sostiene Jünger se construye desde unos intereses y expectativas que también animaron los grandes sistemas clásicos esencialistas. El anhelo de entender el mundo, de descubrir su sentido y su fundamento primero, el lugar y papel del hombre él, ha impulsado todos los grandes sistemas idealistas y racionalistas a los que Jünger, paradójicamente, se enfrenta desde los comienzos de su obra. Se trata de un anhelo de hacer comprensible el mundo, de encontrar una razón de ser a cada una de las acciones de una época marcada por la barbarie y la destrucción, en definitiva, de hacer habitable un mundo que de por sí se presenta deshumanizado e inhóspito.
Porque..., ¿hay alguna forma más eficiente para vencer la barbarie y los totalitarismos, la angustia y el desánimo, que vestir al mundo de un ropaje de sentido y conseguir que éste se muestre compensible, que cultivar un sentimiento estético del mundo por el cual descubrir su belleza?
Dejo en Un rincón para jüngerianos una serie de páginas que podéis visitar para acercaros a conocer la obra del excelente pensador alemán.

domingo, 3 de junio de 2007

La filosofía como metaciencia (II)

El planteamiento que sigue David Oldroyd en El Arco del conocimiento para contarnos la evolución dinámica de los problemas filosóficos supone considerar la filosofía como metaciencia. Para este autor la filosofía no puede (no debe) trabajar al margen de la ciencia. La filosofía es un desarrollo conceptual que surge como una reflexión sobre el origen y la naturaleza del conocimiento científico y sobre la metodología científica. Es por tanto un saber cuyo objeto de conocimiento es la ciencia misma, por ello nunca debe confundirse con ésta pero tampoco desarrollarse al margen suyo. Ello explica que la mayoría de los filósofos hayan sido también científicos.
Podemos preguntarnos por el origen de la filosofía considerada como metaciencia. Si en efecto la filosofía nace como una reflexión sobre la ciencia misma, ¿en qué momento sintió el hombre la necesidad de teorizar sobre ella?, ¿con ocasión de qué surgió el afán de filosofar?
Existen diversos y muy variados momentos históricos en los que los científicos han sentido la necesidad de filosofar, de teorizar sobre (o describir) el proceder científico: por ejemplo, Platón en sus Diálogos hace uso (de manera más o menos consciente) de un método claro y definido para llegar a un conocimiento científico (verdadero) de la idea de justicia, de bien, de virtud…, necesario, a su vez, para configurar un estado o modelo de sociedad justo, bueno, virtuoso….; Descartes en sus Reglas para la dirección del espíritu nos describe minuciosamente el procedimiento que debe seguirse si se quiere adquirir y construir un conocimiento seguro del mundo, que luego se convertirá en la llave para satisfacer nuestros anhelos de seguridad, bienestar, comodidad….; Kant en su Crítica de la razón pura se pregunta por la posibilidad de considerar la metafísica (conocimiento del alma, del mundo y de Dios) como una ciencia, para lo cual debe describir el proceder científico y delimitarlo de otras supuestas formas de conocimiento; Popper en Conocimiento objetivo caracteriza el proceder del conocimiento científico también para delimitarlo de otras supuestas formas de conocimiento y así ahorrar esfuerzos vanos y prevenir a los hombres del peligro de asumir ciertas teorías pseudocientíficas
Hoy en día, con el desarrollo de la Inteligencia Artificial, los científicos también deben tratar el problema epistemológico del funcionamiento de la mente para simular ordenadores capaces de pensar, de ahí su creciente interés por la epistemología y la filosofía de la mente. Existe por ejemplo, en este sentido, el caso de un computador llamado Golem capaz de generar teorías explicactivas eficientes que se programó teniendo en cuenta la reflexión que realizó David Hume sobre la inducción científica.
Aquí os dejo un breve texto que podéis leer para aclarar el interés de la Epistemología para el desarrollo de la Inteligencia Artificial. Lo escribe Rodolfo J. Rodriguez y se titula Epistemología e Inteligencia Artificial. ¿Es posible una Epistemología Androide?

lunes, 28 de mayo de 2007

La filosofía como metaciencia (I)


Recomiendo a los interesados por la filosofía la lectura de El arco del conocimiento. Introducción a la historia de la filosofía y metodología de la ciencia, de David Oldroyd (Ed. Crítica, Barcelona, 1993) Se trata de una Introducción a la filosofía que como su propio autor advierte resulta muy diferente de las convencionales. En ella no detalla (sólo) la historia de las ideas, sus disputas y avatares, más bien lo que le interesa es dar a conocer en su desnudez los problemas fundamentales de la filosofía, algo que hoy día se echa de menos. Estamos tan acostumbrados (alumnos y profesores) en las clases de Historia de la filosofía a escuchar y entender las principales concepciones filosóficas del mundo (en el mejor de los casos) que nos hemos olvidado de cuáles son los problemas fundamentales de los que parten dichas teorías. Por ello os invito a la lectura de este ensayo, que desde luego puede constituir una herramienta muy interesante para los alumnos de 2º de Bachillerato...
Pero... ¿qué es lo genuino de un problema filosófico?, ¿en qué se distingue un problema filosófico de uno, digamos, cotidiano, personal, o científico...? En el siguiente post trataré de dar una respuesta que confío dé lugar a algún pequeño debate....

sábado, 26 de mayo de 2007

De Woody Allen a Platón

Wody Allen es uno de esos cineastas que consigue expresar de una forma lúcida y trasparente una concepción del hombre y del mundo, puede decirse, a la altura de nuestro tiempo. Un ejemplo de ello es su reciente película Match point (2005), que no sólo está construida de una forma magistral sino que constituye otro ejemplo más de la cosmovisión del director. Su tesis manifiesta también en otras de sus más célebres pelíclas como Delitos y faltas (1989) es que, a diferencia de como pensaba Platón, no siempre es preferible padecer una injusticia a cometerla. Un alma corrompida no lo es para siempre, uno puede purificar su alma en vida a pesar de haber cometido un delito imperdonable. Es lo que acontece en el interior de los personajes de estas y otras películas, que tras haber cometido un crimen para salvar aquello que querían (la establidad de su matrimonio, su trabajo, posición y reconocimiento sociales, lo cual da una idea de la moral burguesa...), se dan cuenta de que sus actos no pueden ser ya castigados ni por el Estado ni por un Dios justiciero. Entonces entienden que la vida no se rige por una estructura moral y consecuentemente desaparecen los sentimientos de la culpa, el remodimiento y el temor a ser castigados, que amenazaban con volver insoportable el resto de su existencia. Se han liberado de aquellos sentimientos que para Platón constituían el motivo fundamental por el que es preferible padecer una injusticia a cometerla.
Woody Allen, uno de los más grandes de nuestro tiempo, un cineasta que consigue dejar una huella en cada uno de nosotros, que nos descubre nuestra naturaleza en cada una de sus sus películas.
Os dejo en 'un rincón para cinéfilos' referencias y comentarios bibliográficos sobre varios ensayos sobre cine y filosofía, y más concretamente sobre Woody Allen y Platón.

viernes, 25 de mayo de 2007

Filosofía para todas las ingenierías


Aquí os dejo una página donde puede conocerse el programa de la asignatura de epistemología en la Universidad nacional de la Plata destinada a todas las ingenierías en el año 2002, una muestra del interés de la filosofía para la ciencia:

martes, 22 de mayo de 2007

¿Somos o inventamos nuestra naturaleza? Otra vez sobre los límites de la ciencia

Una obra posterior a Ciencia viva (2001) del filósofo Jesús Mosterín es La naturaleza humana (2005) en la que desarrolla una lúcida exploración sobre la naturaleza humana con el fin de averiguar los límites de nuestra libertad, es decir, qué es aquello de nuestro ser que está determinado por nuestros genes y qué es aquello que petenece al reino de nuestra libertad. Como también desarrolla en Ciencia viva una de las tesis que defiende el filósofo es que, en realidad, contrariamente a como habían pensado los filósofos existencialistas y vitalistas del siglo pasado (Sartre, Heidegger, Ortega y Gasset...), no somos pura indeterminación, pura libertad, no todo lo que somos depende de nuestra elección, sino mayormante de nuestra naturaleza. La naturaleza humana es algo que se deja conocer como demuestran los crecientes descubrimientos de la genética y el cerebro humanos. El código genético es algo que se puede descifrar, que se debe hacer, porque sólo así podrán construirse teorías morales que orienten nuestro quehacer considerando los límites y posibilidades de nuestra acción. En definitiva, lo que Mosterín trata es de reconducir a la filosofía para que no se olvide de la importancia del conocimiento científico a la hora de elaborar teorías morales que nos sirvan para orientarnos mejor en el mundo en que vivimos. Aquí podéis conocer un poco mejor la opinión del filósofo sobre su obra en http://www.ifs.csic.es/prensa/mosterin4.pdf
Está claro que Mosterín tiene como punto de mira para iniciar su exploración sobre la naturaleza humana el conocimiento científico, apoyado a su vez en una sólida metodología. Supone que la ciencia, hoy día más que nunca, constituye la mejor herramienta de que dispone el ser humano para conocerse y así adquirir un conocifiento fiable y fidedigno de sí mismo. Pero, ¿es esto cierto?, ¿es la ciencia con sus hallazgos e investigaciones la mejor herramienta de que disponemos? Veamos qué piensan los que afirman que somos pura indeterminación.
El filósofo español Ortega y Gasset elabora en sus ensayos una teoría sobre el hombre cuya construcción y desarrollo prescinde de los conocimientos y hallazgos de la biología, de la fisiología o de la neurología de su tiempo. Su teoría sobre la naturaleza humana, que responde a la pregunta ‘¿qué es el hombre?’ y que subyace a su teoría moral y política, no necesita de la ciencia para erigirse como una teoría que proporcione un conocimiento adecuado de la naturaleza humana.
En algunas de sus obras más representativas, como ¿Qué es filosofía? (1929), Meditación de la técnica (1933) o Ideas y creencias (1940), el filósofo observa que lo específico (lo esencial) de lo humano consiste en que somos pura indeterminación. A diferencia de una ameba, una piedra o un león, que en todo momento no pueden dejar de ser lo que ya son, al hombre le es dada la posibilidad constante de programar y determinar su ser. Con ello Ortega no quiere decir que el hombre en su origen sea una nada, una tabula rasa, sino que es posibilidad de ser, posibilidad, además, que si se lleva a cabo de un modo fiel y auténtico, proporciona al hombre una vida feliz.
Si bien Ortega no se mantiene ajeno a los avances de la ciencia de su tiempo, su teoría del hombre se construye bajo el presupuesto de que el conocimiento científico no puede proporcionar el punto de partida adecuado para conocer la naturaleza humana. En los ensayos mencionados Ortega pone de manifiesto, a veces de modo implícito, el problema de la imposibilidad de la ciencia (y de la racionalidad científica) para proporcionar una concepción adecuada y completa de nuestra naturaleza. Es preciso recordar en este sentido que el pensamiento de Ortega se ha nutrido de pensadores que, como Hume, Kant, Nietzsche, Dilthey o Heidegger, consideran que la ciencia, por su origen y metodología, a diferencia de como piensa Mosterín, no puede proporcionar una teoría adecuada que defina la naturaleza humana, que nos permita cumplir con el lema humanista ‘conócete a ti mismo’. Ello se debe a los límites constitutivos del conocimiento científico, al hecho incuestionable de que la actividad científica se produce y desarrolla gracias a una serie de mecanismos, principios o condiciones (constitutivos del modo de razonar humano) que una teoría completa sobre el hombre debe tener en cuenta para un conocimiento mejor. La teoría que proporcione un conocimiento adecuado de la naturaleza humana, si bien puede partir de una reflexión sobre la ciencia misma, se ha de apoyar en supuestos anteriores a los de las ciencias de la naturaleza, ya que éstas en su origen, construcción y desarrollo, presuponen aquellos principios, mecanismos o condiciones que una teoría completa de la naturaleza humana debe explicar. Antes de ir a las cosas mismas, como aboga Jesús Mosterín, es preciso entender cómo llegamos a construirlas.

lunes, 21 de mayo de 2007

Filosofía y Ciencia, ¿un continuo?


Inauguro este blog de filosofía proponiendo la difícil cuestión de delimitar la filosofía de la ciencia. Recientemente Jesús Mosterín publicó un interesante ensayo que lleva por título Ciencia viva, cuya reseña os remito en la la página web de noticias bibliográficas, en el que, entre otras muchas cuestiones, propone abordar el problema de las relaciones entre la ciencia y la filosofía. Su tesis es clara: la ciencia y la filosofía se implican y necesitan mutuamente hasta el punto de que cada una de ellas no progresa sin la ayuda de la otra. Por un lado, aunque no sólo eso, la filosofía proporciona el rigor y la reflexión que la ciencia necesita para propocionar un conocimiento fiable y, consecuentemente, una tecnología que 'mejore' nuestras vidas. En este sentido Mosterín incide en la importancia de la epistemología para el saber científico, entendiendo aquélla como una reflexión crítica y rigurosa de la metodología científica que constantemente debe ser mejorada si queremos alcanzar un conocimiento fiable - "lo que proporciona autoridad científica a una idea no es el hecho sociológico de que algún científico más o menos famoso la haya defendido, sino el hecho epistemológico de que esté apoyada en una metodología sólida y fiable" -. Pero por otro lado, mientras que la reflexión crítica de la filosofía detecta problemas metodológicos en la ciencia orientándola adecuadamente, los hallazgos e investigaciones científicos echan por tierra las especulaciones filosóficas (se entiende que aquí Mosterín se refiere a las especulaciones de naturaleza metafísica)

En este último sentido Mosterín en su afán de delimitar la ciencia de la filosofía y reestablecer el papel que compete a cada una supone que la filosofía, más concretamente, las concepciones metafísicas del mundo, son discursos susceptibles de ser invalidados por los hallazgos científicos, lo cual hace que nos preguntamos de qué modo esto ocurre, pues que yo tenga entendido lo que caracteriza a las teorías metafísicas (como la teoría de los primeros atomistas Leucipo y Demócrito, la teoría de las ideas de Platón, la teoría del yo de Descartes, la teoría del Espíritu Absoluto de Hegel, o la teoría racio-vitalista de Ortega y Gasset) es que todas ellas postulan la existencia de entidades - átomos, Ideas, yo, Espíritu, Vida - que son primeras o fundamentales en el sentido de que se proclaman como el principio explicativo de todo lo observable e incluso de todo lo concebible. Quizá uno de los rasgos comunes a éstas y otras concepciones metafísicas es que todas ellas constituyen una especulación teórica, coherente y compleja, sobre cuál es el primer principio o causa última de lo cual todo lo demás participa, emana o es consecuencia. Como dice Ortega en ¿Qué es filosofía?, el hombre filósofo es aquel que no se conforma con el conocimiento limitado y problemático que proporciona la ciencia, sino que aspira a un conocimiento seguro y completo del Universo.
Hemos de tener en cuenta por tanto, como ya observa el filósofo Karl Popper, que una teoría metafísica de estas características siempre va a poder explicar e integrar cualquier hallazgo o evidencia que pretenda desmentir e invalidar su cosmovisión. Al metafísico le bastará alegar en su defensa que dicha evidencia es otra consecuencia o emanación más de la acción de ese primer principio que su teoría supone, con lo cual ésta no podrá llegar a invalidarse por ningún tipo de evidencia.
Entonces, si esto es cierto, ¿cómo puede la ciencia, con sus investigaciones y hallazgos, echar por tierra las grandes concepciones metafísicas (¿necesarias?) del mundo?, ¿pueden tocarse entonces la ciencia y la metafísica?, ¿pueden interactuar?