jueves, 23 de abril de 2026

Hacia el árbol del conocimiento del bien y del mal

¿Hay un modo adecuado de acercarse a los demás? ¿Y a las cosas que nos rodean? Porque la vida, más que de conquistas, propósitos y objetivos, va de acercamientos. Hay quienes se acercan a salir. Otros se acercan a tocar, y los hay que se acercan tomando la palabra. ¿Por qué no una reflexión, que es otra forma de acercarse, sobre la naturaleza del acercamiento y de la cerca? Una reflexión que nos oriente sobre este fenómeno, sobre esta inclinación, que pasa por querer salir, querer tocar, querer tomar la palabra, aun a riesgo de continuar infinitamente distanciados. La acción de acercarse mueve el deseo, lo moviliza, lo despierta, lo enciende, hasta que ya no hay distancia para acercarse más. Nos acercamos al otro para mirarlo, ensayar una sonrisa, oler su perfume, recordar nuestras lágrimas. Nos acercamos para advertir su pregunta, matizar su respuesta, confesarle un secreto, acallar el llano, mecer la cuna, acariciar su piel. Nos acercamos para despedirnos de él, sanar su herida, comer juntos antes de su marcha. Nos acercamos para cumplir una promesa, dejar que nos quieran, y nos conozcan, un poco más. ¿Qué grandes acercamientos ha habido en la historia? ¿Cuáles son los acercamientos que han cambiado la historia? Nos acercamos yendo hacia el árbol del conocimiento del bien y del mal, caminando hacia él, lentamente, buscándolo entre la maleza.