martes, 27 de enero de 2009

¿Podemos dejar de ser griegos?

Uno no necesita conocer las doctrinas y escritos de los grandes maestros de la Antigüedad, de Platón y Aristóteles, no necesita haber oído nunca sus nombres, para estar, sin embargo, bajo el hechizo de su autoridad. Su influencia no sólo se ha dejado sentir sobre quienes aprendieron de ellos en la Antigüedad y en los tiempos modernos; todo nuestro pensamiento, las categorías lógicas en las que éste se mueve, los esquemas lingüísticos que utiliza (y que por consiguiente lo dominan), es en cierto grado una elaboración y, en lo fundamental, el producto de los grandes pensadores de la Antigüedad.
Theodor Gomperz, Pensadores griegos

viernes, 23 de enero de 2009

Paradojas

Paradoja 1: Según el principio de verificación empírica, un enunciado es científico si se comprueba que lo que dice se corresponde con aquello de lo que habla, pero para comprobar que un enunciado observacional - ' ahora el mercurio marca 11 grados de temperatura' - es cierto, debemos primero verificar otros enunciados que resultan ser inverificables - 'más allá de mis sensaciones subjetivas existen unos cuerpos reales, como el mercurio', 'mis sensaciones son indicadores fiables de lo que sucede en realidad, como que el termómetro marca 11 grados de temperatura'. - En efecto, toda verificación presupone admitir que mis sensaciones son fiables, de ahí que no puedan verificarse empíricamente enunciados como 'mis sensaciones son indicadores fiables de lo que sucede en realidad'.

Paradoja 2: El falsacionismo de Popper, por un lado, define la actividad científica como una ‘aproximación a la verdad’, considera la verdad objetiva como la guía del esfuerzo intelectual, pero, por otro lado, nos dice que no hay forma alguna de asegurar que se ha alcanzado la verdad. Entonces, ¿qué constancia hay de que exista la verdad, si no podemos asegurar que una teoría sea verdadera? Se habla del método crítico de búsqueda el errores, pero ¿en aras de qué verdad?

viernes, 16 de enero de 2009

Remedios contra la estupidez

El espíritu se deja atraer, por pereza y por costumbre, a lo que es fácil y agradable. Este hábito pone límites a nuestro conocimiento, y nadie se toma el trabajo de llevar a su espíritu todo lo lejos que podría ir.

F. DE LA ROCHEFOUCAULT

Muchos adolescentes acaban renunciando a sus expectativas profesionales antes de intentar alcanzarlas, muchas veces, por culpa de una serie de creencias equivocadas sobre sus talentos y capacidades intelectuales. ¿Cuántas veces hemos escuchado de nuestros alumnos: 'Profesor, esto no lo sé hacer, mi cabeza no me da', 'Mira profe, yo sé que no valgo para Bachillerato, a lo sumo para hacer un Grado Medio', '¿La Universidad?.... Eso me va muy grande, yo aspiro a menos, es que no soy tan listo como los demás....? Hay alumnos que prefieren aparentar ser tontos a tener que trabajar, pero los hay también que renuncian a trabajar porque verdaderamente se creen tontos. Decía Dalí que el primer requisito para ser un genio, en cualquier materia, es creer serlo; por lo mismo, la primera condición para acabar siendo un tonto es creérselo. La creencia sobre las posibilidades personales, que el niño se forma condicionado por la percepción que de él tienen sus padres y maestros, condiciona sin duda el grado de realización de dichas posibilidades. Esta es una de las tesis que el profesor Ricardo Moreno expone en su diagnóstico de la educación actual Panfleto antipedagógico. El remedio que propone para prevenir la estupidez es sencillo y eficaz: consiste en provocar situaciones que estimulen en el alumno la confianza en sus facultades y el descubrimiento de posibilidades que ignoraba.

sábado, 10 de enero de 2009

El libro: una extensión del espíritu

De todos los instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo. El microscopio, el telescopio, son extensiones de su vista; el teléfono es extensión de la voz; luego tenemos el arado y la espada, extensiones del brazo. Pero el libro es otra cosa: el libro es una extensión de la memoria y de la imaginación.
J.L. BORGES

jueves, 1 de enero de 2009

Pasos

PASOS

Seca la tierra después de tantos soles, de tantas noches de cadáveres sin lunas, de tantos vientos despiadados, llora y de sus propias lágrimas brota la última yerba, reverberada como reflejo de fuego. Yerba que habla como la vida y las piedras. Y dice: por estas tierras marcharon egregios caballeros, anónimos ahorcados y hombres de bien. Nada más dirá la humilde brizna y la tierra espera de los desaparecidos al menos el abrazo de una mirada.


(Miguel Porcel Berdala, 7 de Octubre de 2000)

jueves, 25 de diciembre de 2008

Ensayos

ENSAYOS

1

No digas nada,
pon tu silencio a prueba.
No será por tu boca por donde llegue
la palabra,
sino a través de la muralla de tu carne,
de tu piel y de tus ropas.

No vivas del desgarro
ni hagas de tu cuerpo herido
una sanguinolenta estatua de san Sebastián,
o del Cristo atado a la columna,
que las turbas celebrarían con unívocos cantos.

Acepta que la palabra nazca
cubierta de tu vieja miseria : límpiala
y mírale con amor a la cara,
al sinsentido de su ser.
No busques tus ojos en sus cuevas
donde reside la noche silenciosa de la luz
que, alcanzado el día, propiciará nuevos desvelos
a quien la llame y escuche,
tal es la condición de los enamorados ojos
capaces de leer en los vacíos:
el deseo.


(Miguel Porcel Berdala, 4 de Diciembre de 2000)

sábado, 13 de diciembre de 2008

Mitos contemporáneos

Cuando la literatura se pone al servicio de los deseos más inconfensables del ser humano surgen monstruos como el de Frankenstein, Mr. Hide o el hombre invisible, que luego el tiempo, por el ideario imaginario colectivo, acaba convirtiendo en mitos contemporáneos. Esos personajes, junto a sus respectivos científicos creadores, no sólo expresan la naturaleza humana más secreta: rememoran también la tradición cultural que ya se inicia con el relato del Génesis. En efecto, es patente que los creadores imaginarios de estas criaturas evocan el pecado original que Adán y Eva cometieron al comer la manzana del árbol de la ciencia del bien y del mal. Por la acción transgresora de la ley divina, propiamente humana, los personajes bíblicos, lo mismo que los literarios, son definitivamente expulsados del paraíso y castigados con el dolor, la vergüenza, el trabajo y la muerte. Todos ellos acaban convirtiéndose en víctimas de su acción transgresora y sucumben al destino que ya les tenían preparado los dioses.

Si asomaran ahora la cabeza M. Schelley, H. G. Welles o Stevenson, ¿qué pensarían de un mundo en el que se han cumplido sus profecías del trasplante y la regeneración de órganos, la invisibilidad de la materia o la alteración química de la personalidad?, ¿pensarían airosos que al fin se ha conquistado la libertad de la que goza quien satisface plenamente sus deseos más oscuros?, ¿o, por el contrario, agacharían de nuevo la cabeza como no queriendo formar parte de un mundo esencialmente transgresor y demoníaco, temerosos del castigo colectivo de los dioses?
Para una mayor profundización en el tema os recomiendo el curso que va a impartir la profesora de filosofía Cecilia Español Díez, en el CPR de Logroño, Cine y filosofía: mitología moderna del terror (más información en http://www.cprlogrono.org/)