El acto de graduación es un ritual de transición, hacia la vida adulta. Y es esencial que quien lo inicia se sienta acompañado. Así nos sentimos, también, quienes acompañamos, en una noche de risas y sorpresas, de sueños incumplidos, de salones que se abrían para conversar con nuestra copa de plástico, de relojes que nos decían que la hora era importante, pero sólo para detenerlos y no marchar más. Noche de alumnos que se daban la mano para decirse que no estarían solos, de adolescentes que bailaban eléctricos mientras imaginaban que alguien los vería. Noche de historias personales que tan pronto salían se recogían. Noche y día mezclados, de baile, confusión, despreocupación, y móviles apagados. Noche de excesos que ahí se volvían defectos. Noche de revelaciones, de media luna, de autobuses vacíos y lágrimas evaporadas. Noche de miradas futuras, atentas, reposadas en palabras que quizá no fueran a sonar más. Un año más. Gracias.
sábado, 17 de mayo de 2025
domingo, 11 de mayo de 2025
En construcción
Había que construir el alma
la de los hombres
la de los pueblos
eso que se llamaba mundo estaba muerto
fue un albañil y su cuadrilla
quien tomó la iniciativa
pronto se sumó el herrero a la empresa
y el carpintero
y un guardia civil de paisano y fuera de servicio que se vio interpelado por la obra
y un abogado para pasar lista a los trabajadores
y un sacerdote epiléptico y desnortado en busca de un recuerdo perdido
y un poeta
y un filósofo que se encargaría de limpiar los cristales
los rumanos cobraban menos pero ayudaban con sus paladas llenas
y los negros que sonreían siempre y daban de comer a los pájaros testigos
había que construir el alma
no había planos
un ingeniero buscó en google algunos datos y nada halló
salvo encíclicas pasadas de moda y que estaban fuera del ámbito de la ciencia
alguien leyó un poema menor
de amor
y encontró un camino que pronto desembocó en un solar vacío
todos seguían manos a la obra
el alma estaba arriba
en la frontera del infinito
creían
como el tejado de la torre de babel
pero no hubo confusión de lenguas porque el silencio era la condición
y así el alma se fue haciendo
empezó de la nada y fue haciéndose una nada cada vez distinta
una nada necesaria
era la obra de todos los que trabajaban mirando arriba.
a un final que nunca llegaba y les daba la mano.
Miguel Porcel,
8 de mayo de 2025
lunes, 5 de mayo de 2025
Solarística
El mito de la caverna nos habla de la incomunicación, claro; o de la imposibilidad de comunicar, cuando la naturaleza nos lleva hasta ver transformados y distintos. Quien ha sido llevado a la luz no puede ver las sombras como las ven quienes todavía no saben de aquella. Por ello, al final, aparece el terror a ser arrancado del antiguo compañerismo, de la morada donde todo eran imágenes difusas y confusas aunque acogedoras. La incomunicación, o la imposibilidad de comunicar, lleva muchas veces a la desesperación y a la violencia. ¿Podríamos contactar, caso de encontrarnos, con lo que desde aquí llamamos ‘inteligencia extraterrestre’? ¿Podría ella contactar si diera con nosotros? Es uno de los grandes temas de la novela Solaris, de Stanislaw Lem, que cuestiona de un plumazo toda la ciencia y la literatura basadas en la presunción del contacto entre humanos y alienígenas, como si cualquier existencia, por ser extraterrestre, tuviera como la terrestre que funcionar entendiendo, sintiendo, queriendo, amando. Cuando miramos el mundo lo hacemos, y al hacerlo, lo habitamos. ¿Acaso sabemos vivir de otra manera?
“La solarística, decía Muntius, es un
sucedáneo de religión de la era cósmica, fe disfrazada de ciencia; el Contacto,
el objetivo que pretende, no es menos vago y oscuro que el trato con los santos
o el sacrificio del Mesías. Empleando fórmulas metodológicas, la exploración
equivale a liturgia, el humilde trabajo de los investigadores se traduce en
espera de una epifanía, de una Anunciación, ya que no existen, ni deben existir
puentes entre Solaris y la Tierra. Ese paralelismo obvio, al igual que muchos otros
(falta de experiencias comunes, carencia de ideas transmisibles) es rechazado
por los solaristas, de la misma forma que los creyentes rechazaban los
argumentos que cuestionan su dogma de fe. ¿Qué es lo que espera la gente que
suceda, una vez establecida la «conexión informativa» con los mares
inteligentes? ¿Un registro de vivencias relacionadas con una existencia
interminable, tan remota que no recuerda ni siquiera sus inicios? ¿La
descripción de los deseos, pasiones, esperanzas y sufrimiento liberados durante
los momentáneos partos de las montañas vivas? ¿La transformación de la
matemática en existencia encarnada, y de la soledad y el abandono en absoluta
plenitud? Todo ello constituye una amalgama de conocimientos intransferibles y
si intentamos traducirlos a cualquier lenguaje terrestre, los valores y
significados pretendidos se perderán, quedándose para siempre al otro lado.” (Solaris)
miércoles, 23 de abril de 2025
Finales de febrero
Comparto este poema de Laura, que lo leyó el día del recital de poesía que tuvo lugar en la Biblioteca del instituto. Lo leyó de manera improvisada, apartándose del guion, abriendo uno de sus cuadernos negros.
no tiene remedio
contaré la historia
que me dejó sin aliento.
Estoy en una balanza
no entiendo mi mirada,
¿Me quiero?, ¿Me odio?, ¿Me duele?, ¿Me arrepiento?...
¿Acaso son estos celos?
No entiendo lo que estoy sintiendo.
Indiferencia, yo no importo,
quemadas para siempre mis alegrías, yo no importo;
solo es él, no hay otro.
Soy alguien que siente demasiado,
me siento como un alíen, con un corazón roto;
soy el cuervo, yo no importo
hundida en un pozo negro, en el que yo, no importo.
Siempre es alguien más en tu alrededor
y yo, me siento como un estorbo
como sabes que para ti siempre estoy
soy irrelevante y lloraré sola hoy.
Hoy y siempre,
solamente quise un hombro en el que apoyarme.
Noto mi corazón partirse
de ver cómo me estoy derrumbando y tu fácilmente puedes irte.
Seré para ti remplazable
no puedo asimilar lo indudable.
-Todos, todos cambian, todos ven y todos creen-
encontré a la persona que más quiero
hace años en una temporada de caos
nada tenía sentido y yo era una niña que “con todo siempre puedo”.
Y odio creer que te he perdido
y ya no me salen las palabras porque tú te has ido
robándome, todo mi cariño.
Muerta e incomprendida, sola en un reloj de arena,
golpeando con furia los cristales me rompo la cabeza.
Mírame y dime que no es así, que tú aún no estás fuera
grítame a la cara y confiesa,
pero pasa el tiempo, me ahogo en la arena.. rompiste nuestra promesa.
Te cegaste, dejaste mi corazón roto,
porque en el fondo,
yo no importo.
Laura Serban, alumna de 4ºESO
sábado, 19 de abril de 2025
Cumplir años
Me dicen que hoy cumplo años, tantos, que ya se pueden
decir en voz baja. Y me dicen que el sol, cuando nací, no era muy distinto del
que es ahora, y que también a la luna le han pasado inadvertidos. El caso es
que, para mí, cada sol y cada luna son distintos, porque los miro distinto. Y
leo los libros, distinto. Y miro a mis padres, distinto. Y te doy la mano,
distinto. Y sueño, distinto. Y duermo, distinto. Y veo mis manos, distintas. Y
mastico, distinto. Y corro, distinto. Y me enamoro, distinto. Y recuerdo,
distinto. Y espero, distinto. Y vivo, distinto. Pero es lo que tiene cumplir
años, que en el intervalo regalado que es la vida, un día uno se despierta
transformado, extrañado, con un deseo muy vivo de que los demás también te
extrañen. Así me sienta cumplir años, o eso dicen, quienes los han visto
cumplir.
Hoy es distinto, y os deseo que sigáis aquí, como yo, cumpliendo años, viéndonos crecer y madurar, advirtiendo cada día, cada noche, cada vida.
sábado, 12 de abril de 2025
No estamos tan lejos los unos de los otros
No estamos tan lejos
los unos de los otros. Y es así como me hicieron sentir los alumnos mientras les
escuchaba recitar sus poemas o leer atentamente el cuadernillo coloreado al
otro lado. De pronto, un alumno elevaba su mirada, y se daba cuenta de que todo
aquello era algo más que un mero encuentro académico orquestado. De pronto,
una alumna sacaba su cuaderno negro, y, apresurada, leía atentamente su poema
no fuera a ser que esas palabras se
perdieran para siempre. Otra, temblorosa, hacía vibrar su voz con cada verso,
porque estaba segura de que en cada palabra se adivinaría algo de su universo recóndito,
y escondido. Como árboles que enseñan sus raíces, lunas que se acercan hasta
hacerse vulnerables, así me hicieron sentir quienes tuvieron el coraje de
desnudar su alma en el día de ayer.
Luces tenues, palabras que entran, miradas cómplices, relojes que no se miran, nos recuerdan que no estamos tan lejos los unos de los otros.
domingo, 6 de abril de 2025
Preguntas trampa
Con esto de que la Inteligencia Artificial se está instalando en nuestras vidas –o nuestras vidas en ella- hasta el punto de tener que hacernos convivientes, se va haciendo extensiva cierta inclinación, nefasta para el conocimiento, a preguntar sin sentir verdadera curiosidad hacia lo que se pregunta. Realmente, ahora los humanos, en la esfera pública o privada, en los colegios y fuera de ellos, ya no preguntan. Más bien formulan a la espera de obtener una respuesta inmediata. Si antes nos quejábamos de que los jóvenes habían perdido la facultad de cálculo porque ya no ejercitan las multiplicaciones y las divisiones, ahora el problema es que han perdido la facultad de preguntar. Preguntar significa vivir la pregunta, admirarse de su misterio, situarse en el mundo reconociendo una limitación singular que interpelará a otros a su búsqueda. Preguntar, sobre casi cualquier tema de relativa gravedad, supone interrumpir la vida y los quehaceres diarios para disponerse a emprender un viaje para el que uno, de primeras, cuenta con sus solas fuerzas. Preguntar supone, precisamente, renunciar a todo lo que puede dar la Inteligencia Artificial.
La pregunta abisma. De pronto ya no hay escaleras ni puentes con los que cruzar. Nos sitúa como protagonistas de una historia que está por comenzar. De repente todo nuestro alrededor –la circunstancia, que diría Ortega- se vuelve mochila y recurso, siendo el ChatGPT una provisión más. La pregunta, cuando de veras importa y queremos emprender viaje, la experimentamos sabiendo que no dejaremos de preguntar. Decían los filósofos escépticos que hay conocimientos que es mejor no buscarlos, por aquello de que con nuestra mochila de estar por casa no podremos hallarlos. Pero tampoco los escépticos cayeron en la cuenta de que la pregunta no nace de la posibilidad, de la impaciencia, o de la molestia de quien no conoce algo en un preciso momento. La pregunta no nace de la acumulación ni de la obtención. La pregunta, si es honesta, vivida, nace del coraje de quien decide dejar todo para hacer de ella hoja de ruta. Es así, por otra parte, como se inicia cualquier civilización humana. En Las mil y una noches encontramos un cuento que trata de dos hermanos que viven en un palacio donde tienen todo lo que pueden querer: Sirvientes que satisfacen sus caprichos, un jardín esplendoroso lleno de bellos animales y flores que parecen soñadas. Aguardan felices en él, hasta que un día un anciano les habla de un misterioso lugar donde encontrar un árbol que canta, un pájaro que habla y una fuente de oro. A partir de ese momento, aquellos niños que todo lo tenían viven sólo para encontrar la manera de abandonar su casa y buscar aquel lugar milagroso. La pregunta ha entrado en sus vidas, claro, y ya no pueden dejar de buscar.
La pregunta no puede ser encerrada en ningún algoritmo ni correr por los circuitos de la información y la aceleración. No puede tampoco postergarse demasiado o delegarse a otro, natural o artificial. La pregunta no puede ser encerrada en ningún peso informativo ni formulada para ser respondida a continuación. Los niños abandonan su palacio, su rutina, su semejanza, y emprenden viaje, hacia la luz, claro. Hacia aquello que no somos y quizá nunca seremos.
Publicado en El Imparcial, 5 de abril de 2025


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