Comparto esta magnífica reflexión de una pareja
de jovencísimos filósofos de 2º de Bachillerato, que me llega de forma
generosa. Diríamos que pone en cuestión algunos de los postulados fundamentales
explicados en clase sobre la argumentación cartesiana de la existencia de Dios,
y, en el fondo, una invitación al clásico dilema de si es preferible ser feliz
en el engaño o infeliz en la verdad. ¡Enhorabuena a los dos!
¿Es Dios la confirmación de que el mundo en el que
vivimos es verdadero, o puede ser la propia explicación a un engaño sobre el
mundo?
Descartes propuso en su pensamiento que la única manera de dejar a un
lado la duda metódica, pudiendo afirmar que nuestra realidad sí es verdadera,
es mediante la prueba de la existencia de Dios. A lo largo de esta reflexión,
trataremos de dilucidar si esta idea podría ser válida o si la existencia de
Dios es aquello que confirma que nuestra realidad no es la verdadera. Para
ello, comenzaremos preguntándonos por qué Dios querría mentirnos a pesar de su
bondad. Posteriormente, nos centraremos en los motivos que llevarían a Dios a
mostrarnos la verdad, mencionaremos por qué consideramos que Dios es bueno en
ambos casos y concluiremos argumentando cuál de las dos opciones nos parece más
probable.
En cuanto a los motivos que llevarían a un ser perfecto a ocultarnos
la existencia de la verdad, obligándonos a vivir en esta realidad engañosa,
podemos teorizar dos hipótesis. Por un lado, ¿y si Dios tratara de protegernos,
colocándonos en una realidad más positiva que la verdadera? De este modo,
afirmaríamos que la realidad verdadera es negativa, quizá cruel o dañina para
nosotros. Por tanto, este ser perfectamente bueno pretendería evitar nuestro
sufrimiento a costa de la verdad.
Por otro lado, sería posible creer que este ente superior habría
considerado positivo para nosotros dejarnos al margen de la verdadera realidad
no necesariamente porque esta fuese nociva y nuestro mundo fuera mejor, sino
porque fuese incomprensible para nuestra mente humana. Siguiendo esta
hipótesis, Dios habría considerado que, como humanos, habríamos tratado de
entender lo que nos rodeaba y, al ser una realidad terriblemente compleja,
habríamos terminado liquidando nuestra cordura habiendo sido incapaces de
entender lo que nos rodeaba. Esto habría llevado a Dios a elegir un mundo que
satisficiera nuestras necesidades intelectuales a la vez que no fuese
excesivamente complicado, lo que nos llevara a caer en la frustración
intelectual.
En contraposición, debemos también tener en cuenta los motivos por los
que Dios podría habernos dado la verdad. En primer lugar, como base para el
resto de argumentos, debemos explicar que, si Dios es bueno, entonces
necesariamente va a querer compartir lo bueno con nosotros, pero también lo
verdadero. Es decir, si Dios es completamente bueno, va a querer ser sincero
con nosotros.
Adicionalmente, en contraposición a la segunda hipótesis sobre el buen
hacer, discutida anteriormente, si este es un mundo mejor, creado por Dios
(que, recordemos, es perfecto) ¿por qué no nos proporcionó, directamente, un
mundo igual de perfecto que él? Ya que vamos a protegernos de lo nocivo, ¿por
qué no protegernos de todo ello y no solo de una parte? No obstante, ¿podemos
verdaderamente afirmar que este mundo no es perfecto? En realidad, quizá
cualquier hecho dañino o negativo que podamos encontrar haya sido generado por
nuestra propia existencia. Esto es, nuestra realidad no es imperfecta, somos
nosotros quienes somos imperfectos y por tanto la convertimos en imperfecta.
Este argumento del mundo perfecto volvería a confirmar el buen hacer de Dios
por encima de la verdad.
En referencia a la primera hipótesis planteada, y continuando con los
motivos de un ente perfecto para mostrar la verdad, debemos ser conscientes de
que, si tomamos a Dios como ente creador, suponemos que los humanos no somos
sus únicas creaciones. Por tanto, deberíamos descartar la idea antropocentrista
que poseemos sobre este ser. Si la descartamos, podemos percatarnos de que el
argumento utilizado anteriormente posee cierta soberbia (sofrosyne), pues nos
considera superiores al resto de creaciones, los predilectos de Dios. Si
consideramos a Dios como alguien que aprecia sus creaciones por igual, ¿por qué
iba a esforzarse en darnos un mundo distinto al real? Podría haber creado un
mundo mejor (según el parecer humano) que el que tenemos, pero nos ha dado un
mundo imperfecto porque es el real y no ha reparado en que quizá, para
nosotros, no sea la mejor opción.
En resumen, en ambos casos contemplados la conclusión más clara es que
Dios es bueno. La diferencia entre ambos son los motivos por los que se le
considera así. En el primer caso, es bueno porque pretende protegernos y cuidar
de nosotros. En el segundo caso, es bueno porque nos da la verdad. Que nos dé
la verdad implica que no solo posee bondad, sino también sinceridad. De este
modo, siguiendo el razonamiento de que este ente debe ser lo más perfecto, ser
sincero y bondadoso es más perfecto que ser sencillamente bondadoso. Por ende,
podríamos afirmar que Dios nos está dando la verdad porque eso lo haría todavía
más perfecto.
No obstante, tras esta conclusión, no creemos la discusión cerrada. En
nuestra opinión, el concepto de Dios es increíblemente complejo y difícil de
abordar. Hemos obtenido una solución en cierto modo provisional, hasta donde
nos ha llevado nuestra reflexión. Sin embargo, somos perfectamente conscientes
de que una reflexión más profunda podría llevar a conclusiones distintas, pues
sobre este tema solo es posible teorizar. Asimismo, no solo dejamos esta
pregunta abierta a futura reflexión, sino que también ponemos en duda algo
igual de relevante: ¿podemos estar seguros, en realidad, de la existencia de
Dios?
Pablo Lavilla y Ángela Marco