En lo alto de una montaña anaranjada, viva de colores y cercana en el tiempo, tres siluetas jóvenes yacen inmóviles mirando fijamente. Alguien desconocido me anima a cruzar mis ojos con los suyos, pero enseguida son apartados como si fueran a ser quemados.
Sueño de noviembre.
Cabeza de la necrópolis de Antíoco.

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