sábado, 24 de julio de 2021
Distracciones deseducativas
Los amantes de Lloret
domingo, 18 de julio de 2021
Las preguntas que no me supieron responder
Después de quince años dedicándome a la enseñanza uno descubre que los alumnos, antes que profesores expertos, disciplinados y exigentes, necesitan de personas que confíen en ellos. Personas, antes que profesores. Semejantes, como ellos, que apuesten por ellos, que les hagan creer y necesitar de ellos mismos. No se trata de ilusionarles con vanas ideas o falsos propósitos, sino de hacer por que ellos asuman consciente y responsablemente la tarea de aprender. Y la condición, trascendental y a priori, es que confíen en sus posibilidades y en que sus ambiciones tendrán un lugar en algún momento. Por ello, un sistema educativo normalizado como el nuestro, o normativizado, basado en la presunción de que todos somos engranajes de una maquinaria que hay que mover como sea, está condenado a producir desechos sociales que resolverán muy bien problemas de álgebra o recitarán de memoria la teoría académica de las Ideas, pero que, aun viéndose con una decena de dieces, se preguntarán qué tipo de educación han recibido y para qué. Y se lo preguntarán consternados, a escondidas, cuando nadie a su alrededor pueda reprocharles el haber silenciado su profunda y más honda hostilidad.
"Cuando Laurie empezó a preguntarse qué era realmente importante para sus alumnos, entonces las cosas comenzaron a cambiar en Smokey Road: «Lo que es importante para el alumno tiene que serlo también para nosotros. Ninguna disciplina es más relevante que otra: el fútbol, la orquesta, las matemáticas o la lengua. No íbamos a decirles a aquellos alumnos a los que les encantaba el fútbol que lo más importante eran las matemáticas. Así que haríamos todo lo necesario para que pudieran practicarlo. Cuando empezamos a adoptar este método de actuación, los alumnos se dieron cuenta de que valorábamos lo que para ellos era importante. Entonces nos fueron dando lo que nosotros queríamos. En cuanto creamos ciertos vínculos con ellos, los alumnos se sintieron culpables por defraudarnos. Puede que las matemáticas no les gustaran, pero no querían decepcionar a sus profesores. Entonces, estos por fin pudieron enseñar, en vez de repartir partes de castigo.» (Ken Robinson, Escuelas creativas)
lunes, 12 de julio de 2021
El aparato
En el suelo aparecen amontonados tres sobres cerrados destinados a cada profesor corrector de la prueba de acceso a la Universidad: en uno aparecen los exámenes para corregir, en otro un código de figuras para acceder a un determinado sistema, y en el tercero un aparato electromecánico, similar a un escáner, con un manual de instrucciones que exige estudiarse para introducir en él las notas de las pruebas. Mientras uno de los profesores, auxiliado por el conserje, pone a funcionar el aparato para instalar el código de figuras, el resto de profesores lo contempla con expectación.
Sueño del 12 de Julio
sábado, 3 de julio de 2021
Secretos incandescentes
¿Quién no ha vivido secretamente alguna vez? ¿Quién no ha necesitado del secreto, o de una llave secreta con la que abrir la vida de los otros? ¿No topamos con el otro cada vez que queremos secretarnos? ¿No nacemos del secreto?
Este relato, que recrea Chantal Maillard, a propósito de la descripción que el autor guineano Camara Laye hace de algunos rituales de iniciación, muestra que no es tanto que el secreto dependa de nosotros como que nosotros dependamos del secreto:
"En la noche llamada de Kondén Diara, los hombres vienen a buscar a los niños a sus chozas y se los llevan, entre cantos y sonidos de tambores, a un claro del bosque. Los niños saben que ahí se encontrarán con Kondén Diara, un ser del que no tienen una idea clara salvo que es aterrador. Una vez llegados al claro, deben arrodillarse, agachar la cabeza en el suelo y taparse los ojos. Por nada del mundo los abrirían. En ese momento empiezan a escucharse rugidos terroríficos. Kondén Diara ha salido del bosque, anda entre ellos, les roza, planea, ruge. El miedo paraliza a los niños, pero saben que han de pasar la prueba, la del miedo, de eso se trata, lo saben, se trata de controlar el miedo, de estarse quieto con el miedo, de aguantar el miedo dentro del propio temblor. A Kondén Diara, bestia, león, hombre-león, le acompañan veinte o treinta leones más, pequeños y grandes, porque los rugidos son muchos y diversos. Los niños gimen en su interior: "Aléjate, Kónden Diara, vuelve a tu selva...". Por fin, de repente, los ruidos cesan: "Levantáos". Y entonces los chicos se sientan alrededor del fuego, donde se les enseñará los cantos de los no circuncisos. Han pasado la prueba. La que les prepara para la otra prueba, la circuncisión, en la que el miedo, esta vez, tendrá un objeto concreto: el dolor físico.
No sólo los niños, también las mujeres temen a Kondén Diara. Sólo los hombres saben de qué se trata, saben que ellos producen aquellos ruidos por medio de unos instrumentos de madera especialmente tallados en los que hacen girar una rueda que corta el viento produciendo un sonido parecido al rugir de un león. Un juego, tal vez, una farsa, pero no: el miedo es real, el aprendizaje también. Y el que esto sea una prueba y una iniciación depende de que lo que ocurre en esa noche sea mantenido en secreto, absolutamente, por todos. Por la misma regla de tres, todo aquello que pudiese dañar la dignidad del grupo se protege con el secreto. El secreto bien guardado resguarda a quienes lo guardan. De lo que se trata, obviamente, es de proteger no el secreto mismo, sino a quienes pertenece. El secreto es, a un tiempo, lo que, reforzando la unidad del grupo, les hace fuertes, y su talón de Aquiles." ("Secretos y misterios", Archipiélago, Nº 52)
miércoles, 30 de junio de 2021
El niño que se escondía tras los arbustos
domingo, 27 de junio de 2021
Espacios espirituales
Me asombra el modo como la sociedad quiere convencerse de que la buena sociabilidad es la llave del progreso y la madurez, promoviendo infinidad de cursos, terapias, estrategias para el desempeño de lo que llaman inteligencia emocional, cuando la historia de la humanidad demuestra, una y otra vez, que no hay forma de avanzar sin soledad, retiro o aislamiento voluntario. Que la teoría del genio haya sido superada no significa que la condición del genio no siga consistiendo en abrirse al mundo de una forma absolutamente única y singular.
"Así, pues, las protoformas no son acuñadas ni por los fines ni por los beneficios. Es algo que todavía hoy apunta en la investigación. El investigador puro dirige su mirada a los objetos y a los fenómenos sin que, al hacerlo, esté perturbado en su tarea por el pensamiento de los fines y los beneficios. Es, en el espacio del espíritu, la misma actitud que la del profeta, el cual recibe las tablas de la ley y ve directamente con sus ojos las imágenes. Actúa con pensamientos devotos, dirigidos a algo, pero no persigue unos propósitos. Esto mismo rige no sólo para los descubrimientos, sino también para los inventos. Los primeros no excluyen, en efecto, a los segundos; al descubrir los rayos que llevan su nombre, Röntgen inventó a la vez el modo de hacerlos visibles. Cuestión distinta, que Röntgen no se había propuesto, es que con ello se abriese un nuevo campo de la terapia." (Ernst Jünger, El libro del reloj de arena)









