viernes, 17 de septiembre de 2021

Apología de la caverna

Creo que va llegando el momento de implorar una vuelta a la caverna, a esa luz de la que las sombras son reflejo y a esas paredes que en la primera infancia hacían de segunda piel. Empeñada en que las cosas deben resultar para existir, esta sociedad de nuestros días -cada vez más entorpecida- nos está haciendo leer el «mito de la caverna» como la historia de una conquista, de la que sólo el prisionero que la consigue merece la pena. Pero como me decía una buena alumna el otro día de 4º de la ESO, el prisionero no parece buscar la luz para conquistarla, movido por un fin o un propósito preestablecido, sino que la busca movido por una necesidad. Y añadía que el mito de la caverna es la historia de una necesidad. Es la necesidad de todo aprendiz, es la necesidad que subyace a cualquier forma de aprendizaje. Y es que -sobre esto hay que escribir largo y tendido- aprender no consiste en un proceso de acumulación y superación de etapas, o de objetivos, o de resultados, sino que es aventura incesante, incierta, imperdurable, quizá hacia algo de lo que sólo sabemos que necesitamos.



domingo, 12 de septiembre de 2021

Otra vez el cursillo para sexenios

He escuchado recientemente que un sindicato ha conseguido que los sexenios sean reconocidos a los interinos de educación sin mediar la intervención (y el costo) judicial. Me alegro por todos, salvo por los que sigamos teniendo que formarnos sin que nadie reconozca esta formación. Si el hábito hace al monje el amor al conocimiento hace al profesor, y mucho me temo que nuestras autoridades competentes se hallen desprovistas de medios y voluntades para valorar este amor. Por otra parte, un amor que es el combustible de cualquier educación, y de cualquier sociedad. Me atrevería a decir, incluso de las que luego han resultado ser malogradas o perversas. 

Un amor que no es reconocido salvo por las semillas que luego germinan en algún que otro estudiante bendecido. Un amor que solo el esfuerzo y la vocación continuadas sabe alimentar, incluso en lugares silenciosos que tan bien describe Handke. Un amor que es también amor a las palabras, y a los gestos, y a que los otros se entusiasmen como quien entra a escena. Sin embargo, mucho me temo que seguiremos en las mismas y no habrá sindicato alguno que pueda, siquiera que intente, que el esfuerzo y la vocación continuados, traducibles en frases elegantes, en buenas recomendaciones, clases entusiasmadas, debates en pasillos, correos intempestivos, lecturas apasionadas, publicaciones en revistas..., sean valorados por algún tipo de autoridad.


sábado, 11 de septiembre de 2021

Muros obscenos

NUEVO DILEMA. En esta ocasión, de la mano de Milos Formal y de la historia que hay detrás. Se trata de El escándalo de Larry Flynt, con el aliciente de que pasó en la vida real, y además de qué manera. Recuperemos la historia. Un adinerado amante de la parodia y fundador de la revista pornográfica Hustler tiene que buscarse a un abogado para defenderse de la acusación de propagar la obscenidad y enturbiar la mente de los jóvenes. Vamos, invertidamente, un Sócrates contemporáneo. Este es el punto de partida para un controvertido debate sobre los límites del derecho a la libertad de expresión y el modo como la afección emocional y el gusto popular pueden llegar a frenar su ejercicio. La cuestión que late en el fondo si el derecho de un personaje público a protegerse de los daños emocionales que pueda ocasionarle un mensaje paródico debe pesar más que el interés público de permitir que cualquier ciudadano exprese libremente su opinión. Para abrir boca, no se pierdan el discurso que el abogado dio en el Tribunal del condado de Hamilton, Cincinnati, Ohio, 1977.

                     

"Señoras y señores, hoy han escuchado aquí muchas cosas. No es mi intención repetírselas, pero deben volver a ese cuarto y tomar decisiones, y hay una cosa que quiero dejarles perfectamente clara antes de que entren. No pretendo convencerles de que debería gustarles lo que hace Larry Flynt. A mí no me gusta lo que hace. Pero lo que sí me gusta es vivir en un país donde ustedes y yo podemos decidir por nosotros mismos. Me gusta vivir en un país donde puedo coger la revista Hustler y leerla si quiero, o tirarla a la basura si es allí donde creo que debe estar. O mejor aún, ejercer mi opinión y no comprarla. Me gusta tener ese derecho. Me importa mucho. Y a ustedes también debería importarles, denlo por seguro, porque vivimos en un país libre. Es algo que decimos tan a menudo que a veces olvidamos lo que significa. Por eso voy a repetirlo: vivimos en un país libre. Y ésa es una idea poderosa. Es un modo magnífico de vivir. Pero esa libertad tiene un precio, y es que a veces tenemos que tolerar cosas que no necesariamente nos gustan. Vuelvan a esa habitación donde ustedes son libres para pensar lo que quieran de Larry Flynt y de la revista Hustler. Pero pregúntense si quieren tomar esa decisión por todos nosotros, porque la libertad de la que toda la gente de esta sala disfruta está de un modo muy real en sus manos, y si empezamos levantando muros contra lo que algunos de nosotros consideramos obsceno, podría ser que una mañana al despertar viéramos que se han levantado muros en lugares que jamás habríamos imaginado, y entonces ya no podríamos ver ni hacer nada. Y eso no es libertad. No es libertad, así que tengan cuidado. Gracias."

jueves, 9 de septiembre de 2021

Dictadura de los medios

Mi sensación es que los medios han dejado de ser medios y los fines han dejado de ser fines. Echemos un vistazo a cualquier centro escolar de este comienzo de curso. Las reuniones organizativas enfocadas a solventar problemas educativos van siendo desplazadas por otras encaminadas a asegurar que los profesores tienen unas mínimas destrezas para nadar ahora en las nuevas aguas de lo digital. Los problemas ya no son tan humanos porque son tecnológicos, o informáticos, o informativos, y los salvadores ya no pertenecen a ningún departamento didáctico sino a los mal llamados estratégicos. Ahora los profesores no se miden por su capacidad de hacerse comprender sino por el dominio de algún tipo de lenguaje instrumental que les aventaja en la búsqueda de trabajo sin importar su naturaleza. 

Un discurso no robotizado, la inseguridad del primer día, un último consejo antes del estreno, alguien que tropieza, o que enciende su cigarro pensando qué compartirá con sus alumnos, o se detiene en las fotos para imaginar cuáles serían sus anhelos..., sirven de acaricia para lo más intocado. Como agua de mayo, ahuyentan nuestros demonios y nos recuerdan que una vez fuimos novatos, incluso en esto de tener que vivir. Por unos instantes, salimos del mundo vigilado de los datos y llamamientos.

"-La música no mora en los instrumentos más bellos ni tampoco reside en los peores. Los instrumentos más apropiados a la música son, sin duda, los que emocionan pero son perecederos, como los cuerpos que envuelven a los hombres." (La última lección de música de Chang Lien)

martes, 31 de agosto de 2021

Escuela de esperanza

DIÁLOGO DESEDUCATIVO. En el nuevo monográfico de la Revista Ábaco dedicado a los efectos psico-sociales de la pandemia conversamos con la filósofa Marina Garcés a propósito de su reciente libro Escuela de aprendices. Enseguida abrí sus páginas comulgué en la importancia de alejarnos de modelos academicistas basados casi exclusivamente en la reproducción de contenidos y el conseguimiento de resultados. Es un libro que responde con valentía a los reproches de una sociedad que parece entender sin llegar a ver. Es un libro que devuelve un gesto de esperanza en medio de la negrura informativa de cada día. Es un libro que exclama ¡Yo no soy una nota! La mejor muestra de que hay escuela para la esperanza.


Expresar como siempre mi más sincero agradecimiento al enorme trabajo del equipo de la Revista Ábaco, y en especial a su director Miguel Ángel Álvarez, por seguir prestando un espacio para la reflexión y el diálogo.

Desde aquí puede accederse al resumen y obtenerse el ejemplar impreso o digital.

lunes, 30 de agosto de 2021

Feliz regreso

Cuando siendo niños tocaba regresar a casa tras los campamentos nos invadía una profunda melancolía de días que sabíamos ya no volverían más. Aquellas experiencias avivadas por la sensación pasajera de desarraigo iban alejándose conforme el autobús nos acercaba a la realidad de siempre. De nuevo nuestros padres, la casa de siempre, con sus horarios y sus voces, y luego el colegio con sus timbres y horas interminables. La muchacha morena de ojos azules, ese primer amigo subiendo a lo alto del valle, el olor a pan de los desayunos, los colores y sus flores, se perderían al llegar a tierra firme.

Durante aquellos momentos de regreso, sin embargo, podíamos entrever que lo verdadero había estado a nuestro alcance, y que sólo nosotros nos lo podríamos dar.

Feliz regreso.




viernes, 20 de agosto de 2021

Bisaurín

Las montañas, como los libros, necesitan de quien las recorra para cobrar vida y ser lo que dicen ser. Su grandiosidad y eternidad no bastan para hacer de ellas una experiencia inolvidable. En familia, en lo alto del Bisaurín (2670 m)