sábado, 20 de marzo de 2021

INDISTANCIA

En agradecimiento,

Al poco de recibir el filósofo Josep Maria Esquirol el Premio Nacional de Ensayo por La resistencia íntima, me respondía con estas palabras a la pregunta por el origen del distanciamiento. Ahora, al releerlas, veo que continúan previniéndonos de uno de los mayores engaños de nuestro tiempo:

P: Es un error pensar lo «próximo» como lo contrario de lo lejano, porque desde la lejanía todavía pueden verse las cosas. Si no es la distancia, ¿qué es lo que puede impedirnos ver las cosas?

R: Sin ninguna duda, el gran enemigo es la indiferencia. La mirada atenta puede definirse incluso como una especie de movimiento de aproximación que guarda la distancia. Fijémonos en que la violencia es precisamente la absoluta ausencia de distancia. Por eso, lo contrario de la proximidad no es la distancia sino la indistancia. La indistancia, es lo que no está ni cerca ni lejos; lo que adviene como un mundo homogéneo e indiferenciado, a pesar de sus formas coloreadas y brillantes. A menudo nos hemos engañado —y seguimos engañándonos— al pensar que la superación de las distancias trae la cercanía. Pero no es así: el entramado tecnológico no sólo conlleva la desaparición de las distancias sino, con más sutilidad todavía, a veces también la de las cercanías. Superando distancias con la conectividad global, perdemos la proximidad de lo cercano —valga la redundancia. Aquí, la diferencia como categoría filosófica surge sin necesidad de forcejeo ni de magia alguna: lo indistante es a la proximidad, lo que la indiferencia es a la atención. El reino de la indiferencia se despliega cuando cede la vigilia de la atención. Por el contrario, cuando la atención no abandona su puesto (puesto que no está en ninguna alta torre sino apenas a unos pocos palmos del suelo), es la diferencia la que cabe advertir. Lo mismo es lo mismo que nada. Sólo si la escucha oye el latido de la diferencia es aún posible la verdadera experiencia. (Entrevista completa en Revista Ábaco, Nº 91-92, 2017)


2 comentarios:

Anónimo dijo...

La atención es un medio de erradicar las distancias superficiales con el resto de seres. Las personas somos seres individuales pero estamos conectadas inevitablemente, necesitamos del otro, al igual que el otro necesita de nosotros, la reciprocidad es esencial. La atención crea vínculos que sustentan nuestra vida en plena armonía, fraternidad y familiaridad. La atención y ayuda al otro permite la expansión de uno mismo, y ejercidas por todos, se puede afirmar que comienza el verdadero progreso.

Las tecnologías merman esta capacidad de atención. La hipercomunicación difumina todo tipo de distancias, y de forma contradictoria, nos aleja de lo próximo y de nosotros mismos. Es necesaria la distancia para conseguir apreciar y aprender del otro. Distancia entendida como diferencia, individualidad.Si todo se reduce a lo mismo, a la homogeneidad, la esencia humana como individuo se pierde, pues no hay distinción alguna entre el yo y el otro.
El hecho de ser seres únicos y ser conscientes de ello, es el punto de partida para la acción, basada en aprender, escuchar, ayudar, sin renunciar a nuestra individualidad, y así poco a poco construir esa “casa”, como refugio ante la intemperie, a base de lazos interpersonales.
Debemos abrir los ojos para darnos cuenta de que la solución es más sencilla de lo que creemos, está a nuestro lado y en nosotros, no en la ciencia, la riqueza, la tecnología o el poder.

David Porcel Dieste dijo...

Excelentes conclusiones, Noa. Se nota que hay filósofo dentro de ti. Un abrazo