Que no nos mientan.
Nadie puede morirse del todo una vez que se ha vivido.
Si acaso, dormir con el recuerdo del sueño. Pero, siempre, sin soltar el proceloso timón de la deriva.
Ah, los mares. Los mares siempre serán nuestro destino.
Largo viaje. Las olas nunca se repiten.
Las olas mecerán la noche.
Miguel Porcel Berdala
9 de enero de 2010
lunes, 11 de enero de 2010
sábado, 9 de enero de 2010
Aforismos varios (IV)
La duda se insinúa por todas partes, con una gran excepción sin embargo: no existe música escéptica (Émile M. Cioran)
Sólo la música puede crear una complicidad indestructible entre dos seres. Una pasión es perecedera, se degrada como todo aquello que participa de la vida; mientras que la música pertenece a un orden superior a la vida y, por supuesto, a la muerte (Émile M. Cioran)
Sólo la música puede crear una complicidad indestructible entre dos seres. Una pasión es perecedera, se degrada como todo aquello que participa de la vida; mientras que la música pertenece a un orden superior a la vida y, por supuesto, a la muerte (Émile M. Cioran)
Al hombre genial no le interesa tanto completar las piezas del puzzle como inventarse el suyo propio.
Como ocurre con el amor, la lectura se funda en una especialísima compenetración ente el texto y el autor: uno no sabe bien por qué prefiere esta lectura a esa otra, sólo sabe que la prefiere.
Comprender una obra significa agotar sus posibilidades.
jueves, 7 de enero de 2010
¿Qué queda de lo humano?
Los científicos y filósofos esencialistas, aquellos que siguen apostando por la posibilidad de definir la naturaleza de cualquier cosa, se afanan por descubrir el conjunto de cualidades y atributos que determinan la humanidad que hay en nosotros. Sin embargo, su concepción artificiosa del mundo dista enormemente de las perspectivas del mundo actual, en el que constantemente nuevos modelos de inteligencia artificial van sustituyendo a los seres humanos en sus funciones sensitivas y cognoscitivas, al mismo tiempo que, conforme avanza este proceso de suplantación, van reescribiéndose nuevas definiciones de la naturaleza humana intentando en vano rescatar lo específicamente humano. Parece que el mundo que tan sabiamente vaticina Blade Runner nos enseña que los límites entre lo humano y lo artificial van difuminándose conforme el mundo tecnológico explora sus posibilidades. Hoy más que nunca lo humano se vuelve artificial y lo artificial humano:
(...) algún día un ser humano podrá despedazar a un robot salido directamente de una fábrica de General Electrics y, para su enorme sorpresa, lo verá llorar y sangrar. Y el robot moribundo podrá a su vez despedazar al hombre y, también para su gran sorpresa, verá un humillo gris que sale de la bomba eléctrica que anida allí donde por sentido común debería estar el corazón del hombre. Será sin duda un gran momento de verdad para ambos (Philip K. Dick, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?)
jueves, 31 de diciembre de 2009
Harold Bloom
Harold Bloom
Nada hay que decir
Excepto con los ojos, a través de los ojos,
Agujeros vivos, mudos, que dejan pasar la luz
Y así el dolor,
Así la letra, las letras que bordean la verdad
Dibujando la desolación, catando su amargura,
Llenándola de bosques, si procede:
Eso es un castillo,
Eso es un hombre y en algún sitio una mujer lo espera...
Nada hay que decir
Salvo Abre los ojos,
Aunque la luz que los penetre esté poblada
De miasmas, de serrín de catafalco,
De aire puro también, de aire resinoso, ambarino.
Abre los ojos así sea gritar nacer de nuevo, pues
No pasarán las palabras que nada significan,
Las letanías del incienso que pululan
Alrededor de los ojos cerrados desde siempre y muertos
Para siempre,
Luego, ojos ciegos o inútiles.
Miguel Porcel Berdala
13 de Diciembre de 2002
Nada hay que decir
Excepto con los ojos, a través de los ojos,
Agujeros vivos, mudos, que dejan pasar la luz
Y así el dolor,
Así la letra, las letras que bordean la verdad
Dibujando la desolación, catando su amargura,
Llenándola de bosques, si procede:
Eso es un castillo,
Eso es un hombre y en algún sitio una mujer lo espera...
Nada hay que decir
Salvo Abre los ojos,
Aunque la luz que los penetre esté poblada
De miasmas, de serrín de catafalco,
De aire puro también, de aire resinoso, ambarino.
Abre los ojos así sea gritar nacer de nuevo, pues
No pasarán las palabras que nada significan,
Las letanías del incienso que pululan
Alrededor de los ojos cerrados desde siempre y muertos
Para siempre,
Luego, ojos ciegos o inútiles.
Miguel Porcel Berdala
13 de Diciembre de 2002
martes, 22 de diciembre de 2009
Meditación sobre el concepto
Vale la pena reparar en la extraña singularidad del concepto. Es fácil ver la relación de semejanza que existe entre la impresión y la cosa percibida, contrariamente a como ocurre entre el concepto y la cosa, cuya relación es más difícil de determinar. ¿Qué tiene el concepto de caballo que asemeje a la naturaleza de cualquier caballo? Se ha tratado de explicar esta singular relación ateniéndose al acto de visión: El acto de ver, la visión de cualquier caballo originaría la imagen de 'caballo' que ya dispondría de aquellos aspectos compartidos por todos los caballos. Al concepto le restaría fijar dichos aspectos en el término. Pero esta concepción, por la cual la visión fundamenta la conceptualización, yerra si consideramos que el acto de ver es ya un acto de conocer. Porque, ¿podemos distinguir - o siquiera ver - un caballo sin reconocer que esa cosa es un caballo?, ¿podemos relacionarnos con las cosas del mundo sin conocer lo que ya son?, ¿no es el concepto el fundamento de la visión?
Entonces, podemos aventurar que convivimos con entes que no sólo están ahí, ocupando un lugar y un tiempo, sino que son algo determinado, fijado en la definición. Considerando, en este sentido, que la definición se identifica con lo que la cosa es, podemos suponer, contra el sentido común, que necesitamos contar con los conceptos, más que con cualquier otro instrumento, para poder convivir y relacionarnos con las cosas del mundo, cuando menos, para poder reconocerlas, nombrarlas u organizarlas. Igualmente, suponemos, hemos de contar con el lenguaje para integrar las cosas - en tanto que son - en un sistema organizado, acercándolas unas a otras, pero a la vez delimitándolas para que no se confundan y aniquilen.
Jamás nos dará el concepto lo que nos da la impresión, a saber: la carne de las cosas. Pero esto no obedece a una insuficiencia del concepto, sino a que el concepto no pretende tal oficio. Jamás nos dará la impresión lo que nos da el concepto, a saber: la forma, el sentido físico y moral de las cosas. De suerte que, si devolvemos a la palabra percepción su valor etimológico - donde se alude a coger, apresar - el concepto será el verdadero instrumento u órgano de la percepción y apresamiento de las cosas. Agota, pues, su misión y su esencia, con ser no una nueva cosa, sino un órgano o aparato para la posesión de las cosas. (Ortega y Gasset, Meditaciones del Quijote)
domingo, 13 de diciembre de 2009
Pedagogía de la alusión
La ciencia, la filosofía, tienen algo de mágico, en sentido literal. Un acto de magia nos cautiva siempre y cuando no descubramos el truco que lo anima. Desde el momento que damos con la explicación lógica del fenómeno que hasta hace poco había avivado nuestra ilusión, el acto de magia pierde su atractivo y dejamos de entusiasmarnos con él. Con la verdad ocurre algo parecido. Ésta nos cautiva mientras la intuimos y finalmente la descubrimos en el acto de la revelación, de la iluminación; luego, una vez adquirida, como quien ya conoce cuál es la clave secreta, el truco explicativo, pierde su valor primigenio y deja de entusiamarnos.
Quien quiera enseñarnos una verdad que no nos la diga: simplemente que aluda a ella con un breve gesto, gesto que inicie en el aire una ideal trayactoria, deslizándonos por la cual lleguemos nosotros mismos hasta los pies de la nueva verdad. Las verdades, una vez sabidas, adquieren una costra utilitaria; no nos interesan ya como verdades, sino como recetas útiles. Esa pura iluminación subitánea que caracteriza a la verdad, tiénela ésta sólo en el instante de su descubrimiento. Por esto su nombre griego, alétheia, significó originariamente lo mismo que después la palabra apocalipsis, es decir, descubrimiento, revelación, propiamente desvelación, quitar de un velo o cubridor. Quien quiera enseñarnos una verdad, que nos sitúe de modo que la descubramos nosotros. (Ortega y Gasset, Meditaciones del Quijote)
jueves, 10 de diciembre de 2009
Apología de la sabiduría
Rastreando en la blogsfera acabo de dar con esta página de citas famosas que no he podido evitar enlazar. Ahí os dejo una breve selección de ellas. Disfrutadlas...
La diligencia en escuchar es el más breve camino hacia la ciencia, Juan Luís Vives
Piensa como piensan los sabios, mas habla como habla la gente sencilla, Aristóteles
Las proposiciones matemáticas, en cuanto tienen que ver con la realidad, no son ciertas; y en cuanto que son ciertas, no tienen nada que ver con la realidad, Albert Einstein
Sólo los sabios más excelentes y los necios más acabados son incomprensibles, Confucio
La ciencia es como la tierra; sólo se puede poseer un poco de ella, François-Marie Arouet Voltaire
La ignorancia afirma o niega rotundamente; la ciencia duda, François-Marie Arouet Voltaire
El hombre nada puede aprender, sino en virtud de lo que ya sabe, Aristóteles
El sabio consigue más ventajas por sus enemigos que el necio por sus amigos, Benjamin Franklin
El saber es la única propiedad que no puede perderse, Blas de Priene
Saber mucho da ocasión de dudar más, Michel de Montaigne
Los grandes conocimientos engendran las grandes dudas, Aristóteles
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