Día inolvidable, con Martina, nueva subcampeona
de Aragón por la modalidad de Dilema, y con Valeria, Alan y Diego, compañeros
olímpicos inseparables que han llegado hasta el final. Gracias por tantos y tan
buenos momentos.
jueves, 7 de abril de 2022
Día inolvidable
domingo, 3 de abril de 2022
Sueños
Una terraza de proporciones dantescas se extiende albergando a profesores con sus micrófonos, y a alumnos que juegan a escuchar y a no escuchar. Tras edificios acristalados, las clases se suceden según la disciplina que corresponde, organizándose los espacios en Historia natural, Lengua extranjera o Ciencias matemáticas.
Cuando el timbre ya ha sonado y es hora de recoger los enseres, algunos alumnos esperan a que el sol se ponga y se abran los cristales.
Sueño del 2 de abril
sábado, 2 de abril de 2022
A otra cosa...
¡Ya está! Completado y enviado a la editorial.
Me podrá caer un rayo que en Octubre saldrá. Hay pocas cosas en la vida que uno
no pueda hacer, si verdaderamente es lo que quiere hacer. En palabras de su
prologuista, Josep Maria Esquirol: un libro muy amable, en contenido y forma.
Ya está, hasta Octubre.
viernes, 1 de abril de 2022
Palabras silenciosas
Hay palabras que dan luz, y cierran caminos. Sirven de señal y orientan incluso al más despistado. De repente ya sabemos qué decidir, y cómo actuar. Pero otras pasan silenciosas, incluso cuando ya nadie escucha. Es esa pregunta que el último de la fila pronuncia casi a escondidas, quizá con voz temblorosa, o para sí mismo, pero con la convicción suficiente para saber que debía estar ahí. Sobre la mesa. Y ser desmenuzada, o analizada por los más sabios filósofos y matemáticos. También la carta de amor colgada en un tejado, que nunca se llegó a abrir por no saber muy bien a quién dirigirse. Quizá a ella, a esos gestos donde se adivinan los secretos del Universo, y de ti mismo.
O palabras,
también, pronunciadas sobre una mesa de intervinientes, que exhaustos y
cansados de tanta palabrería, prefieren no seguir escuchando y taparse los
ojos. Y omitirla, o eludirla, o no sacarla a colación, porque su
respuesta supondría abrir heridas que ya no vienen a cuento. De abrir heridas
van muchas de las palabras silenciadas. Palabras silenciosas, de una llamada
sin timbre que apenas el viento apaga, y entonces has de volver la mirada y
reanudar camino. Palabras solitarias, apagadas, pero lo suficientemente
poderosas como para acompañarle siempre a uno, e imaginar mundos de haber sido escuchadas.
lunes, 28 de marzo de 2022
A la final que nos vamos
Muy contento de vivir la
final de la IX Olimpiada aragonesa de Filosofía el próximo Jueves 7 de Abril con mi alumna Martina,
que desde el primer momento, junto al resto de sus compañeros, ha hecho que un
servidor siga aprendiendo y amando la filosofía. Gracias.
sábado, 26 de marzo de 2022
Tan de trámite
En una de esas horas privilegiadas en que te cruzas con alguien, le miras, y juntos decidís dejar lo que estabais haciendo y poneros a charlar, como dos buenos amigos en los días en los que todavía se trabajaba la tierra, me decía un compañero, sabio él, que el problema de la enseñanza es, básicamente, el atolondramiento. Y es que vamos tan atolondrados –maestros y profesores- que apenas reparamos en lo que hacemos, ni mucho menos pensamos sobre ello. Sencillamente, actuamos. Por decreto. Y además lo hacemos a todas horas, conectados como estamos a la imperiosa red telemática de la urgencia y la señal. Y así –continuaba-, hemos perdido, o nos han perdido, las fronteras con las que antes contábamos para delimitar nuestros quehaceres y organizar nuestras labores. Que si había una hora de padres para tratar sentados uno frente al otro asuntos de incumbencia; dos o tres horas de preparación de clases, y otras tantas para organizar las actas de departamento o las actividades extraescolares. Y el caso es que ahora vivimos tan alejados de aquellas fronteras que cualquier hora nos sirve para hacer cualquier cosa. Cualquiera, del signo que sea, con tal que responda a la urgencia y apague la señal hasta nuevo aviso:
Fotografía de Alan Collado, 4ºESO
“Una inmensa y bulliciosa
maraña de imágenes, de connotaciones y conexiones y señales, acapara y
suplanta cada vez más automática e inapelablemente todas las cosas y
los hechos y determina cada vez más nuestras relaciones con todo, y el
intrincado y magmático dispositivo del mundo que así se crea a lomos del
imparable avance de los cálculos y procedimientos tecnológicos hace quizá de
nosotros no mucho más que meras terminales, meros mecanismos binarios de
recepción y emisión de embaucamientos, meros sustitutos plásticos de
nosotros mismos encantados por lo demás con nuestra naturaleza de desecho, de
receptor y transmisor, de número de más en una audiencia o en un volumen de
ventas o de menos en cualquier cosa que pudiera tener que ver quizá con nuestra
mejor posibilidad. Demasiada poca cosa en las cosas y demasiado poco reposo en
los momentos, demasiado aturdimiento en las acciones; demasiada nada muchas
veces que sin embargo lo parece todo.” (J.Á. González Sainz, La vida
pequeña)
Miedo occidental
Leyendo
a Tanizaki reparo en la importancia del espíritu a la hora de entender, y de
configurar, la cultura. Hay espíritus más conformistas, y otros, sin embargo,
más obcecados en el poder y el emprendimiento. Los hay que se pliegan a lo que
les viene dado, y otros buscan remar enseguida descubren el río. El espíritu de
los primeros –dice Tanizaki- tiende a buscar la belleza en la oscuridad, en
lugar de negarla inventando la electricidad y el petróleo. Y cito de El elogio de la sombra: “¿Cuál será el
origen de esta diferencia en nuestros respectivos gustos? Yo pienso que nosotros
los orientales tratamos de hallar satisfacción en las condiciones que nos han
sido dadas y tendemos a conformarnos con nuestra situación. Ante la oscuridad
no mostramos descontento, nos plegamos a ella como a algo irremediable. Si la
luz es pobre, que lo sea, no hacemos de ello problema. Nos sumergimos en las
tinieblas, en pos de una belleza que solo ahí puede existir. Los occidentales,
dotados de espíritu emprendedor, aspiran siempre a algo mejor. En su constante
búsqueda de la claridad, en su afán por desterrar hasta el último rastro de la
sombra, pasaron de las velas a las lámparas de aceite, del aceite al gas y del
gas a la electricidad.”
Fotograma de Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera
Y el caso es que, desde niños, nosotros -los occidentales- nos resistimos a creer que el mundo es como se nos presenta y buscamos apagar la oscuridad de las cosas. A veces, cerrando los ojos; otras, pulsando presurosos el interruptor. De alguna manera, hacemos de la seguridad y de la orientación nuestras necesidades fundamentales, y nos revolvemos, si despertamos de la cama no sabiendo dónde está el cabecero y dónde su pie. Es por ello por lo que seguramente vivimos instalados en la Tecnología, símbolo esplendoroso de control e inconformismo, en lugar de dejar que la Naturaleza se exprese según su necesidad y lenguaje. Y es por ello por lo que seguimos instalados en el miedo, de que algún día todo se derrumbe y nos quedemos a solas a la intemperie.


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