Las montañas, como los libros, necesitan de quien las recorra para cobrar vida y ser lo que dicen ser. Su grandiosidad y eternidad no bastan para hacer de ellas una experiencia inolvidable. En familia, en lo alto del Bisaurín (2670 m)
viernes, 20 de agosto de 2021
jueves, 19 de agosto de 2021
Realismo heroico
A mi hermano,
Hay quienes creen sobrevolar las nubes sin levantar los pies, o pisar las huellas de otros como siendo las propias. Son los iluminados que tiemblan cada vez que escuchan el cántaro romperse o las cenizas echar a volar. A veces incluso viven fuera de sí, como esos pájaros que vagan sin rumbo porque han perdido el tren de la vida y ya sólo les queda regresar a lo oscuro de la tierra. Estos iluminados, abundantes por condición, suelen portar relojes biorítmicos y alistarse en los circuitos consumistas de la marca y el conseguimiento. Se vanaglorian de lo conseguido y coleccionan en su imaginario medallas de las que piensan, ilusos, que les harán inmortales. Son los corredores que imprimen el número en su muñeca porque ya sólo saben contar y desconocen la manera de no soñar. Son los que se esfuerzan sin marchar a caminar, sin iniciar siquiera nada, como quien se autoproclama caminante por dominar la cinta métrica de correr.
Frente a ellos, los verdaderos, se encuentran quienes hacen camino, tejiendo a cada paso una nueva aventura que contar, un nuevo recuerdo candoroso para otros. Son los que arriesgan y al mismo tiempo pueden temer. Son los que rehúsan de la marca y el registro, y a lo sumo lo admiten como regla de juego con la que lanzarse a los abismos solitarios. Son los que siguen la luz porque esperan algo de ella, dejando atrás el ego y cuantas nebulosas prenden a quienes lo rodean. Son los que confían en la fuerza de la tierra porque aman cuanto hay en ella. Como algunos pájaros, juguetean con la muerte viéndola pasar desde su escondrijo.
A ellos.
jueves, 12 de agosto de 2021
Montañas solitarias
Hay montañas más solas que otras, o que si hablaran se sentirían solas. Bien porque apenas se dejan advertir, no figuran en los folletos informativos y guías de turismo, o fueron testigos de algún suceso escabroso que las condenaron a la mala fama. El caso es que estas montañas, inadvertidas y poco transitadas, a quien las pisa le hacen sentir especial, en cierto modo, aventurero y explorador; frente a aquellas otras usadas por el turisteo como objeto de exhibición, cuya razón de ser consiste principalmente en alcanzar la meta donde hacerse la fotografía de los domingos.
Sí, estas otras, las solitarias, hacen que descubras los cielos y sus paisajes por primera vez, devolviéndote la niñez en la que los ríos no eran todavía ríos ni la hierba todavía hierba.
martes, 27 de julio de 2021
Perversiones educativas
Una de las experiencias que durante los años escolares más me atemorizaba era escuchar al profesor de matemáticas cantar las notas en alto justo en el momento antes de entregarnos los exámenes. ¿Por qué el resto de compañeros tenía que conocer mis resultados? ¿Y por qué tenían que ser pregonadas empezando por la más alta y acabando por la más baja? Pero, sobre todo, ¿Por qué tenía que medirse la valía del alumno por una nota, o una medida, o un número? La nota no sólo cuantifica un resultado sino que, irremisiblemente, establece una comparación. El alumno que ha obtenido el 10 se desmarca de sus compañeros como el "alumno sobresaliente", mientras que el suspenso siente que no está a la altura de lo que se espera del grupo. Las notas, diríamos, o la técnica anotadora, es una forma de decir lo que vale un alumno en lo que respecta a una asignatura y en relación con sus compañeros.
Actuando así, de lo que este profesor de matemáticas parecía no darse
cuenta es de que estaba pervirtiendo el verdadero sentido de la nota, a saber, el de ser un indicador para el alumno del grado de consecución de los objetivos propuestos y una orientación en su proceso de aprendizaje. En el momento en que
se hace de la nota un fin y, consciente o inconscientemente, como padres
o profesores, hacemos consistir la educación en una empresa orientada a la
optimización de resultados, desoímos el sentido de la nota como indicador y la
dejamos de considerar como instrumento integrado en el proceso de enseñanza y
aprendizaje. En su sentido más perverso, los profesores acaban siendo un
instrumento que utilizan las notas en lugar de ser éstas un instrumento a su
servicio.
“Uno de los problemas de los sistemas de evaluación que utilizan letras y notas es que suelen ser un poco descriptivos y muy comparativos. En ocasiones, los alumnos no saben directamente qué indica la nota que han sacado, y los profesores puntúan sin estar del todo seguros de qué nota poner. Otro problema es que una letra o un número no puede expresar las complejidades del trabajo que ha hecho el alumno y que debe calificarse. Y hay resultados que es imposible reflejar de forma apropiada con este método. Como el eminente educador Elliot Eisner dijo en una ocasión: «No todo lo que es importante puede evaluarse y no todo lo que puede evaluarse es importante».” (Ken Robinson, Escuelas creativas)
lunes, 26 de julio de 2021
Náufragos en lo desconocido (ideas para un Dilema)
Viendo
ayer Náufragos, de Hitchcock, una
de tantas películas que las nuevas generaciones de estudiantes desconocen por
tratarse de un film en blanco y negro, se me ocurrió plantear un dilema ético
para futuros alumnos de Bachillerato. Un dilema basado en el siguiente
escenario, planteado desde el minuto 22 hasta el 25, por si alguien lo puede
visionar. En plena Segunda Guerra Mundial un barco de las fuerzas aliadas es
hundido por un submarino alemán y nueve personas quedan náufragos en una barca
con escasas provisiones. Entre ellos un capitán nazi que, por su experiencia
y condición, entiende de navegación, pero del que nada saben. Enseguida surge
la cuestión de quién debe asumir la responsabilidad de tomar el timón de la
barca que va a la deriva. Ninguno de los civiles británicos y norteamericanos tiene nociones de navegación.
¿A quién confiar el destino de todos? ¿Quién debería asumir el timón? ¿Nos guiamos por la experiencia o por la ideología? ¿Qué factores debemos tener en cuenta para decidir por el bien de todos? ¿Qué procedimiento seguimos para decidir? ¿Dejamos el mando al capitán de las fuerzas enemigas? ¿Pero por qué tendríamos que fiarnos de él? ¿Lo dejamos entonces en manos de alguien inexperto?
La epistemología tradicional se ha iniciado en la preocupación de qué es lo que podemos conocer y qué podemos hacer con lo que conocemos. Sin embargo, esta situación muestra que es mucho más preocupante lo que desconocemos que lo que conocemos. ¿Debe ser el desconocimiento un factor a tener en cuenta en la toma de decisiones? ¿De qué forma el
desconocimiento puede influir en el resultado? ¿Qué actitud/es deberíamos
asumir ante lo desconocido? ¿Y hasta qué punto somos responsables de lo que
desconocemos? ¿Es la acción de desconocer una acción libre y responsable? ¿Podemos hacer por evitar que el
desconocimiento nos influya negativamente? ¿Tenemos algún tipo de control sobre
lo que nos es desconocido? ¿Existen estrategias inteligentes para afrontar lo
desconocido?
Sobre el mismo asunto, puede consultare el libro de Mar Cabezas Dilemas morales: entre la espada y la pared., concretamente el que lleva por título Hoy por ti, ¿mañana por mí? Confianza y cooperación.















